Por Marta Martínez Arellano

Uno de los alicientes que me empujaron a formarme como mentora profesional fue la posibilidad de retar a la realidad haciendo preguntas que nos llevasen a salir del marco establecido imaginando escenarios diferentes, formas de actuar distintas. La actual situación supera cualquier imaginación y me ratifica en la necesidad de saber preguntar y manejar la incertidumbre.

El mentor no tiene por qué saber todas las respuestas, más bien se entrena en el arte de la pregunta. Nos formamos en habilidades para la construcción de espacios de seguridad y reto. Buscamos poner nuestros recursos creativos al servicio del mentee y de sus objetivos. Crear con él (o ella) un espacio en el que avanzar afrontando retos a través de itinerarios desconocidos, ideando nuevas estrategias para conseguir resultados distintos, más cercanos a lo que busca.

Siempre han dicho que las situaciones extremas sacan de nosotros lo mejor y lo peor. La empresa, como creación humana, no escapará a esta máxima. Y, si bien es difícil atisbar con claridad objetivos concretos, cada día veremos el vaso medio lleno o medio vacío… sin olvidar que somos nosotros quienes contemplamos y sujetamos ese vaso. Y que es más fácil avanzar si no lo sujetamos ni contemplamos solos, sino acompañados.

En la abrumadora abundancia de retos que nos circunda como profesionales, emprendedores, empresarias… seres económicamente rentables, hoy me gustaría destacar tres. En primer lugar, me pregunto cómo podríamos sostener ese impulso tan unánime de poner en valor profesiones y negocios tantas veces ninguneados por básicos y alejados de toda supuesta “tendencia” social. ¿Cómo incorporar a nuestros negocios la satisfacción de esas necesidades básicas que nos hacen sentir bien?

Viendo la reacción inicial de los actores empresariales en toda esta situación no dejo de cuestionarme cómo alargar ese cambio que ha llevado a las empresas a volcarse en poner a las personas primero, en lugar de priorizar el beneficio y los números. No es utopía, quien me conoce sabe que llevo abanderando el movimiento algunos años. Hay muchas buenas y rentables prácticas que servirían de argumento a las empresas para basar su estructura económica y de beneficio, en el impacto positivo de su aporte de Valor al mercado. Raj Sishodia, economista e ideólogo de la corriente denominada Capitalismo Consciente, demuestra que aquellas empresas coherentes con su motivación intrínseca, que buscan el bienestar de sus comunidades de interés, empezando por sus propios trabajadores, multiplican por ratios imposibles su beneficio, incrementan su notoriedad y consideración por parte del mercado y alcanzan mayor sostenibilidad en el tiempo. Tal vez sea el momento de incorporar a nuestras organizaciones y cuadros de mando indicadores vinculados al bienestar y al desarrollo humano sostenible, a los internacionales ODS.

A nivel práctico, llevo días dándole vueltas a un tercer gran interrogante: ¿cómo reconducir el entorno digital para que realmente sea una fuente de bienestar, riqueza y abundancia en lugar de un zoco en el que las más altas y más bajas pasiones por igual ahogan vías honestas y sostenibles de negocio?

En estos días hemos asistido a un estallido tan inusitado como desordenado de las vías digitales. Todos hemos necesitado continuar trabajando y hemos realizado un esfuerzo sin precedentes en digitalizar nuestros negocios en tiempo récord. También hemos necesitado sentir que aportábamos y hemos inundado las ondas de buenas (y a veces no tan buenas) intenciones. Los medios on-line nos han facilitado el trabajo tanto como nos agotan con su omnipresencia. Nos han servido tanta información como basura. Nos han ayudado a distribuir el conocimiento y a aumentar la brecha entre grupos sociales. Nos han ayudado a estar presentes en la palestra, sin darnos cuenta de que en muchas ocasiones estábamos cavando un abismo en el que será difícil recuperar la propiedad de aquello que generosa e inconscientemente hemos regalado.

Al usar internet en nuestros negocios en este marco de urgencia hemos dejado de preguntarnos “¿dónde está el dinero?” o “¿qué estoy dando a cambio?”. Nos hemos lanzado a “aportar”, ajenos al negocio que mueve sus hilos. Hemos decidido que era imprescindible “estar” y tal vez no nos hemos parado a pensar en cómo sacar partido de todo el esfuerzo que nos cuesta hacerlo.

Los negocios que emergeremos del paulatino “desconfinamiento” tendremos que hacer frente a una limitación sin precedentes de las libertades personales, que obligará a muchos a innovar en sus modelos de negocio. Asistiremos a un desorden inusitado en la demanda y en los canales de distribución, a una escasez de recursos, a nuevas formas de pensamiento y nuevas prioridades tanto de la oferta como de la demanda… Tendremos que adaptarnos a un cliente distinto, a un nuevo orden de prioridades. Y, a corto plazo, nos enfrentaremos a la imperiosa necesidad de repensar nuestro modelo para hacerlo más sólido y sostenible incorporando lo digital no como vía de presencia, sino como herramienta de negocio.

En esa reflexión, contar con un mentor que no conozca las respuestas, sino que contribuya a cambiar las preguntas y acompañe a innovar en los nuevos escenarios emergentes, contribuirá a que, entre todos, encontremos con más celeridad ese modelo sostenible para cada negocio.

Marta Martínez Arellano